domingo, 22 de agosto de 2010

El Joropo: bien de interés cultural de carácter nacional

NOTA: AL CITAR ESTE DOCUMENTO DAR CRÉDITO AL INSTITUTO DE CULTURA DEL META, ENTIDAD QUE ME ENCARGÓ SU ELABORACIÓN EN EL AÑO 2007

EL JOROPO: BIEN DE INTERÉS CULTURAL DE CARÁCTER NACIONAL

Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)

I. Información básica:
Desde pretéritos tiempos el JOROPO (comprendido por música, canto y danza) se convirtió en el alma cultural del hombre llanero, expresión artística a partir de la cual exterioriza sus sentimientos.

En los actuales tiempos, es el mayor elemento de cohesión cultural llanera dentro de las diferentes manifestaciones folclóricas regionales y el que le da identidad nacional y proyección al territorio.

Ubicación geográfica:
El joropo es el más común denominador cultural para las cuatro divisiones territoriales colombianas consideradas como llaneras: Arauca, Casanare, Meta y Vichada Más sin embargo, las dinámicas sociales que desde la región de la Orinoquia se han dado produjeron la adopción de este elemento folclórico en zonas de transición llano – selva como Guaviare y Guainía, y en menor proporción al selvático Vaupés.

II Descripción del JOROPO:

Ámbito:
El JOROPO como expresión folclórica de los llanos colombianos es posible que tenga sus raíces en la época de la Colonia, con la llegada de la comunidad religiosa de los sacerdotes jesuitas la que introdujo a esas inhóspitas planicies la economía ganadera, para lo cual fundó entre otras las haciendas de Caribabare y Apiay.

Junto a los ganados bovino y equino los clérigos andaluces también trajeron el arpa y sus cánticos religiosos con tonalidades del cante jondo, de igual manera el coplerío propio de esa región hispánica.

A la par que le enseñaron tanto a los indígenas como a los mestizos hombres de la sabana los secretos del rudo trabajo ganadero, los misioneros los contagiaron de su amor por el canto y la música, así como por la vocación literaria que se adaptó al ecosistema de estos territorios.

Sin que haya precisión en el tiempo, en algún momento de ese excepcional período de la historia regional y nacional, surgió un factor de orden cultural que al igual que la vocación ganadera vino a darles identidad folclórica a los dilatados Llanos Orientales colombianos.

Se trata del JOROPO, que con sus modalidades de música, canto y baile es producto de un proceso socioeconómico con hondas raíces en España, nación que por espacio de ocho siglos tuvo la presencia de los moros, de ahí la herencia de ciertos elementos árabes en algunas de las modalidades del canto que entona el llanero y la coincidencia de coplas del folclor regional presentes en lengua sefardí (mezcla de español y árabe).

Desde la ejecución del baile resulta notoria también la influencia del Viejo Mundo en el valseado, paso que se deriva del vals europeo, así como de los zapateados masculinos asociados al hispánico flamenco.

Coinciden el arpa y los zapateos en folclores de otros países de América en los que por la misma época hizo igual presencia la Comunidad de Jesús, ejemplos son México y Argentina, naciones a las que por igual introdujeron la ganadería.

Sobre el JOROPO así escribieron dos connotados investigadores colombianos:

“Su origen tiene una indudable raíz española y, a semejanza del jarabe mejicano, conserva, tanto en el canto como en la coreografía, los portamentos o arabescos de la voz y el zapateo flamenco, a más de la jacarandosa altisonancia, sin punto de comparación con las aires y danzas indígenas. La etimología de “joropo” parece derivarse del arábigo xärop que traduce jarabe, sirope o hidromiel” (1)

“El joropo es la fiesta de los llaneros donde se improvisa en cada una de sus formas de música, canto y danza. Del árabe xarop (jarabe) se originó esta palabra que se hermana con joropo, que es la vivienda del llanero marginal.

El joropo fue delineado por el fandango y el fandanguillo, y cada una de sus expresiones contiene rasgos de sus raíces: el paso de valsiao, el zapateo y el baile por parejas independientes; la improvisación de coplas de los bailadores, además del traje agitanado y el pañuelo que usaron nuestros antepasados; el introductoria “eco” del cantor de corríos que sobre la dominante o la supertónica se eleva varios compases antes de desarrollar el tema en reminiscencia mora, o da paso al contrapunteo; los instrumentos, con excepción de las aborígenes maracas o capachos, nos recuerdan que somos herederos de una cultura de la gran Europa, donde se confundieron elementos folclóricos de moros, italianos, alemanes, franceses, españoles y portugueses”. (2)

Organología del JOROPO:
La organología primigenia del JOROPO estaba comprendida fundamentalmente por el arpa como instrumento mayor, teniendo en su acompañamiento al cuatro, las maracas y el furruco.

Darío Robayo en su ensayo El arpa en la historia comenta que “el arpa fue utilizada en todo el territorio hispanoamericano, principalmente en los siglos XVII y XVIII, como instrumento solista y armónico, tanto en la música religiosa como en la profana. En el siglo XIX se consolidó como instrumento principal de varios géneros de música regional, tradicional latinoamericana (Paraguay, llanos colombo venezolanos, regiones de Veracruz, Michoacán en México y varios centros den los Andes peruanos y ecuatorianos como también Chile).

A los llanos de Colombia (Betoyes, San Regis –Guanapalo) llegaron varios instrumentos como la guitarra, flauta, el clavicordio, el arpa, la vihuela y las chirimías, cuyos primeros registros datan de loas años 1661 y 1722.
Estos instrumentos fueron enseñados allí por los misioneros en escuela de música, donde indios y mestizos aprendieron a tocar el arpa a la perfección.

Después de 1736, es posible que la música ejecutada en el arpa haya tenido solo un carácter religioso ya que en la Nueva Granada hubo un marcado ascetismo religioso durante los siglos XVII y XIX, porque con ellos se agradaba doblemente a Dios.

Este juicio deja entrever una relación directa entre la desaparición del arpa del ámbito llanero colombiano y la salida del elemento juseico de la Nueva Granada en 1767, hecho que marca un retroceso en la organización de los pueblos llaneros.

En el siglo XIX, en los llanos colombianos, no hay visos de arpa vinculada a ningún aire nacional (aunque se tocaran y cantaran galerones en San Martín y Casanare utilizando instrumentos como guitarra, bandola, tiple y maracas).

En Colombia se vuelve a tener noticias sobre el arpa en 1925, con la llegada a los llanos de Arauca del arpista venezolano Arturo Lamuño, quien dedica su tiempo a la enseñanza del instrumento.

A partir de estos momentos se empieza a sustituir los instrumentos melódicos musicales: bandolín, requinto, guitarrón, bandola y la sirrampla”. (3)

La primera alteración de la organología tradicional ocurrió por la dificultad para trasladar el arpa a grandes distancias. Eran los tiempos cuando aun no había carreteras ni carros, entonces llegó a reemplazarla la bandola de cuatro cuerdas, instrumento que por aquí evolucionó de uno importado.

Según el folclorólogo Álvaro Coronel Mancipe, a partir de ese momento al arpa se le comenzó a llamar “instrumento de río”, por su única y práctica forma de traslado, y a la bandola “instrumento de sabana”, por lo fácil de llevarla cabalgando.

Hoy en día tanto el arpa como la bandola tienen la misma importancia en la ejecución del JOROPO.

La segunda modificación a la instrumentación tradicional llanera fue con el abandono del furruco, membranófono cuyo sonido se produce por el aire sacudido por una verada, parte de la flor de la cañabrava, untada de cera de abejas sobre un trozo de piel de venado templada a manera de tapa de un tambor de madera.

A este instrumento, ya extinto en los Llanos colombianos, lo reemplazó el advenedizo y universal bajo electrónico que hoy se hace indispensable a la hora de conformar los conjuntos que interpretan los diferentes ritmos del JOROPO.

En concordancia con lo anterior, en los tiempos presentes la música llanera se interpreta con los siguientes instrumentos: arpa o bandola, cuatro, maracas y bajo electrónico. Con esta instrumentación se interpretan, entre otras, las siguientes modalidades folclóricas musicales: pasaje, tonada, guacharaca, pájaro, pajarillo, seis (corrío), seis por numeración, seis por derecho, seis numerado, gaván, chapola, catira, zumbaquezumba, nuevo callao, periquera, patos, sanrafael, kirpa, carnaval, perrodeagua, merecure y perica.

Los cantos:
Son tres las modalidades que tiene el canto llanero: voz pasaje, poema y voz recia. En la tercera se interpretan de manera principal los corridos o corríos y el contrapunteo, las que según Miguel Ángel Martín pueden explicarse así:

Contrapunteo: es el canto de reto entre copleros. Coplero es el cantor que improvisa coplas.
Se entiende por copla el elemento literario que maneja el “poeta” llanero como una soga de letra para enlazar su inspirada creación. De todo y por nada hace coplas.

Corrido o corrío: del romance español nació el corrido o corrío y generalmente relata un suceso del llano o se refiere a una situación de la región. Se afirma que antes se llamó galerón. Corrío es un poema rústico que interpreta el cantor de voz recia acompañado por golpes de gaván, guacharaca, kirpa, zumbaquezumba, carnaval, merecure, San Rafael, seis corrío, seis por derecho, seis por numeración y numerao. (

4)El baile:
Al respecto también dice Miguel Ángel Martín: “El baile de los llaneros es de parejas independientes que no se separan, sino en dos casos: al bailar la vaca o Torito, y al bailar el Araguato. Con la vaca se hace el remedo de toreo, cuando la mujer embiste a su pareja. En el Araguato, los bailarines se rascan las costillas, remedando a los monos de la raza araguato.

Tres son los pasos fundamentales del JOROPO, sobre los cuales los bailadores improvisan muchos más: Valsiao, para comenzar, o para salir de los otros pasos. Zapatito, cuando el bailador golpea el piso con los pies. Y el Escobillao la forma de adelantar un pie primero y luego otro, como raspando el piso.

Características del JOROPO es que se dan muchas y rápidas vueltas. La mujer no zapatea, sino que valseando sigue a su compañero en cada paso” (5)

Contexto cultural y social del JOROPO en la actualidad:

Entre las diversas manifestaciones llaneras el JOROPO es el código folclórico más compartido por los habitantes de los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada, así como Guaviare, territorios en los que durante el año ocurren certámenes que giran en torno a sus modalidades y disciplinas.

Con el auspicio de entidades oficiales y privadas, se realizan encuentros y concursos que convocan la presencia de exponentes profesionales y aficionados, actividades que por consiguiente conllevan a la sensibilización y a la creación de públicos.

Además y gracias al constante trabajo de nuestros músicos, intérpretes y bailadores el JOROPO ha sobrepasado los límites que la Orinoquia colombiana tiene con el interior del país.

Sus alegres notas, letras, voces y baile ahora contagian a diversos sectores de otras regiones colombianas, en las que de igual manera con alguna frecuencia ocurren espectáculos de folclor llanero.

La permanencia del JOROPO en el alma de las gentes de la Orinoquia colombiana, de manera principal tiene bases en los numerosos y tradicionales festivales que en ella se suceden desde varias décadas atrás, cuyas programaciones abarcan las disciplinas de música, canto y danza. Algunos de los de mayor trayectoria son los siguientes:

Torneo Internacional del Joropo de Villavicencio fundado en 1967
Festival Internacional de la Bandola Llanera, Maní –Casanare- fundado en 1992
Festival Folclórico del Curito, La Primavera –Vichada- fundado en 1992
Festival Internacional Folclórico y Turístico, San Martín, fundado en 1967
Festival del Retorno, Acacías, fundado en 1973
Festival Yurupary de Oro, San José de Guaviare, fundado en 1992
Festival de la Cachama, Puerto Gaitán, fundado en 1987
Torneo Internacional Cimarrón de Oro, Yopal, fundado en 1989
Torneo Internacional del Corrío Llanero, Puerto Carreño, fundado en 1987
Festival Santa Bárbara de Arauca, Arauca, fundado en 1965

Otro factor que ayuda a la formación de semilleros es la proliferación de academias folclóricas de música y baile llanero, del orden oficial y privado, presentes en la gran mayoría de ciudades y pueblos de la región.

El trabajo constante de dichos establecimientos de educación artística no formal, permite la sensibilización y la preservación cultural, a la vez que posibilita la renovación generacional de músicos y bailadores.

Gran papel juega también la radio regional a través de los programas de orden musical llanero, espacios desde los que se habla de folclor y se emiten antiguas y nuevas grabaciones de joropos, contagiando a sus masivas audiencias (6).

Reciente fenómeno de masas:
Sin lugar a dudas, el fenómeno masivo de folclor llanero de mayor impacto en los tiempos recientes en Colombia es el espectáculo de danza a campo abierto llamado Joropódromo, que desde el 2001 cada año a comienzos de julio reúne por academias a cientos de parejas de todas la edades, las que en prolongado recorrido callejero con sus vistosos trajes incansables bailan sus coreografías ante la presencia de la muchedumbre que se ubica a lado y lado de la enorme pista.

El notable impacto positivo de la experiencia villavicense, hizo que rápidamente el Joropódromo (con el mismo nombre o con otros) haya sido emulado en la mayoría de festividades del folclor llanero de la región.

III Permanencia o riesgo de desaparición:
Causas:
• Procesos acelerados de urbanización y comercialización
• Aculturación

Paralelo a la masiva sensibilidad que existe en torno al JOROPO en sus diferentes disciplinas, el acelerado paso del modernismo con la introducción de modas y expresiones culturales foráneas, así como por la carencia de estímulos para descubrir y promocionar nuevos talentos está socavando las estructuras de dos elementos folclóricos de especial importancia dentro del contexto cultural de la región llanera.
Se trata de las disciplinas de la danza y el contrapunteo.

El Contrapunteo:
Modalidad artística de la que año tras año, en los diversos concursos que se cumplen en el territorio, se evidencia que no ocurre relevo generacional de cantadores de coplas o copleros.
Quiere decir lo anterior, que resulta repetitivo en dichos certámenes de orden profesional ver a los mismos connotados exponentes disputándose las premiaciones.

¿Qué hacer?:
1. Tal situación obliga a tomar medidas tendientes a detectar y promocionar, en el territorio llanero, nóveles intérpretes de tan difícil disciplina del canto versado.
Oportuno es decirlo que este talento artístico no se desarrolla en academias, puesto que es innato en la gente oriunda de los llanos.

2. Organizar foros y otros espacios de encuentro académico para fijar medidas de salvamento de esta ancestral tradición.

3. La organización de festivales locales y departamentales para la categoría de aficionados, infantil y juvenil, es una manera de propiciar semilleros que aseguren la permanencia de este género artístico autóctono, que con preocupante ritmo va rumbo a la extinción.

El baile:
Tanto en su ejecución como en el vestido femenino está siendo deformado por culpa de la fuerza de corrientes exógenas que en los últimos tiempos afronta, las que con complicidad de unos y capricho de otros son introducidas por los instructores y directores de academias, sin medir el daño cultural que están propiciando.

Tales atentados folclóricos se hacen con la única finalidad de mostrar estilizados montajes de tarima y para buscar su comercialización. A la introducción de dichas innovaciones o más bien alteraciones se les justifica bajo el pretexto ser convenientes para darle “proyección de la danza”.

En la actualidad, la gran mayoría de academias cumplen su trabajo solo de manera práctica y a libre albedrío, haciendo que tanto las nuevas generaciones de bailadores y bailadoras como los masivos públicos, consideren autóctonas a las maneras como se está enseñando y ejecutando el baile propio de la región llanera.

Algunas de estas deformaciones son (7):
• La desaparición del elegante valseo de la pareja, que se abandonó en pos de una serie de agotadoras acrobacias y de exagerados zapateos masculinos, también de pasos y figuras copiadas de bailes foráneos que las parejas ejecutan tomadas de las manos o sueltas.

• En lo pertinente a los vestidos, en particular los femeninos, como ahora se ven ya por poco son parecidos a los trajes utilizados en la ejecución del Sanjuanero. Lejos están quedando los sencillos diseños que la mujer llanera luce en su cotidianidad o en ocasiones especiales.

• Del mismo modo, a las alpargatas o cotizas negras de un tiempo para acá es usual tupirlas con coloridas lentejuelas para que las calcen las mujeres.

¿Qué hacer?:
Aunque la cultura es dinámica y por ende evolutiva, el afán surge es por el brusco y anómalo proceso que al baile del JOROPO raudo le borra su esencia ancestral, fenómeno que de unos años para acá viene dándose con notoria intensidad sin que haya habido una política de freno, a pesar de las voces de alerta lanzadas por defensores de los cánones clásicos.

Por lo anterior, se proponen las siguientes alternativas:

1. Es urgente la necesidad de propiciar foros y otros espacios de discusión y reflexión, colectiva sobre el estado actual de la danza llanera en Colombia. Cada festival debería programarlos, con la participación de reconocidos folclorólogos regionales.

2. Es pertinente que los Institutos de Cultura orinoquense, mediante un currículo unificado y avalado por el Ministerio de Cultura, en sus departamentos ofrezcan talleres teórico prácticos de formación de formadores en torno al baile del joropo, en los que la parte académica con su componente histórico tenga énfasis especial.

3. Deben los organismos regentes de la cultura regional, institutos departamentales y fondos mixtos, crear estímulos para investigaciones de orden folclórico llanero.

Con la aplicación de estas acciones podría corregirse la arrolladora tendencia que desvirtúa al baile autóctono llanero, a la vez que permitirá el rescate de pasos y de otros elementos ancestrales.

Conclusión:
Las anteriores son razones suficientes para que el JOROPO sea declarado como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional.

Citas bibliográficas:

(1) Abadía Morales Guillermo, Compendio general de folklore colombiano, Banco Popular, Bogotá 1983, p192
(2) Martín Salazar Miguel Ángel, Del Folclor Llanero (edición especial), Editorial Presencia, 1993, Bogotá, p39
(3) Robayo Darío, citado por Pérez P. Pedro Pablo en “Nuestra Identidad” documento inédito, 2006
(4-5) Martín Salazar Miguel Ángel, op. cit. p. 97 y 113
(6) Pabón Monroy Oscar Alfonso: Elementos del folclor llanero como principios de identidad regional. En: Nueva Revista Colombiana del Folclor No. 17, Bogotá, 1997, p.171
(7) Pabón Monroy Oscar Alfonso: ¡S.O.S. por el baile del joropo. En: periódico Llano 7 días, Villavicencio, junio3 de 2005, p.26

(*) Comunicador Social comunitario / Miembro de la Academia de Historia del Departamento de Meta

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